No me gusta Halloween. Hay muchos motivos para esto, a los que no quiero aludir aquí. Me gustaría hablar del día que sigue al 31 de octubre: el de Todos los Santos.Es un día especial que descubrí al mudarme a España. Me gusta, porque lo he vivido varios años desde la perspectiva del pueblo, y no desde la Gran Ciudad.
Me hace pensar en tantas cosas...
Hoy, reflexionando sobre la muerte, la pérdida de un ser querido, en ese gran vacío tremendo y el dolor tan profundo e incomprensible de alguien en luto, ineludiblemente tenía que pensar en Manuela, el personaje de la obra maestra de Pedro Almodóvar,
"Todo sobre mi Madre". 
Hay pocas escenas de dolor que me han estremecido tanto como aquella, cuando pierde a su hijo Esteban al verle atropellado por un coche en la lluvia, después de haber disfrutado junto a el de una obra de teatro.
Tanto llanto. Tanta incomprensión. Sus lágrimas se mezclan con la lluvia mientras su hijo muerto yace en sus brazos en la calle. Inolvidable, Cecilia Roth. Imborrable de mi memoria.
A mi primer amigo en España le paso lo mismo. Él tenía 6 años, su hermano, sólo 3. En unos pocos segundos irreales, vio como un coche atropelló a su hermano en su pueblo cerca de Vic, a la vuelta de la esquina de su propia casa. Estaban jugando en la calle junto al peque, su hermana y él. El dolor le ha marcado para siempre, a él y a su familia. Puro dolor, completa e incomprensible pérdida.
Aprendí el significado bello de la fiesta de mañana de mi amigo. Hoy, como cada año, regresará a su pueblo en la plana de Vic. Y mañana, irá con sus padres al cementerio, para honrar a su hermanito, a mostrar su cariño, su respeto y su amor al pequeño.
Te tenemos aún con nosotros. Todavía estás en nuestros corazones.
Es curioso, pero cada vez que le he acompañado en el día de Todos los Santos, hemos disfrutado de un tiempo extraordinario: cielos azules y despejados, iluminados por un sol claro y blanco. Una luz, que aporta esperanza.
En camino a la tumba de su amigo Lázaro, mi mejor Amigo lloró ante la tragedia de la pérdida. Pero como quizás sabrás, no se conformó con ella. Declaró a una hermana desconsolada:
Yo soy la Resurrección y la Vida. Al teclear estas palabras ahora mismo, me imagino como habrá caído semejante declaración de los labios de un humilde carpintero. Es que no me lo imagino
susurrando algo de tal importe de una forma tímida. Será más bien una frase que salió con la fuerza de truenos, causando un viento fuerte en aquel instante.
El Libro Mágico de mi Maestro afirma que uno de los últimos enemigos vencidos de la Humanidad será la Muerte. Es algo innatural en el fondo, a pesar de su existencia entre nosotros. De hecho, si quieres aceptarlo, ya está vencida. Es una victoria que se expresó con una voz dulce, en palabras que cayeron como cristales, diamantes brillantes, de los labios de dos jóvenes luminosos cuando, (seguramente con expresiones de leve incomprensión en sus rostros), preguntaron a un par de mujeres delante de una tumba vacía:
"¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado."*Bienaventurados los que lloran, pues ellos serán consolados... Cada año, Todos los Santos me recuerda de ello.
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El Libro Mágico de mi Maestro"La Carta del Médico", último capítulo
Fotos: © Copyright 1999, El Deseo, S.A.