
Hoy en la India, más de 70 millones de personas buscarán purificarse de sus pecados en el Rio Ganges.
Lo harán durante los 45 días de la fiesta hindú de
Ardh Kumbh Mela, según informan los telediarios.
En el recién terminado peregrinaje del
Haj de la religión islámica, otros millones de musulmanes buscaron lo mismo: borrar los pecados (fallos) del pasado, empezar de nuevo, hallar la paz interior: con Dios, y con su prójimo.
Uno de los pasajes más famosos de un gran pensador judío se confronta con la realidad, con lo que nuestros filósofos contemporáneos llaman (de una forma eufemística)
"la condición humana".
Sin pelos en la lengua, el hebreo dice sin vacilar:
"No hay un solo justo, ni siquiera uno;
no hay nadie que entienda, nadie que busque a Dios.
Todos se han extraviado; por igual se han corrompido.
No hay nadie que haga lo bueno, no hay ni siquiera uno...
...pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios."*Observando la necesidad universal que tenemos -- sea la que sea nuestra cultura o religión -- de ser perdonado, de absolvernos de los fallos (pecados) de nuestro egoismo, me resulta casi incomprensible ver cómo en Occidente nos autojustificamos constantamente.
Si el mismo
Friedrich Nietzsche tenía que reconocer de sí mismo...
Hay perros feroces en mi sotanto que ladran sin cesar;
¡por favor, no los soltéis!**... ¿Cómo es que en nuestra sociedad occidental y posmoderna, nos sentimos capaces (y autorizados) de autoabsolvernos, si medio planeta recurre a rituales y a la búsqueda de Dios?
Los corruptos del
Caso Malaya muestran muy poco arrepentimiento. Es igualmente el caso de los invitados que se insultan mutuamente en programas tipo "Dolce Vita". Aquellos concursantes que fallan en Operación Triunfo luchan por aceptar los consejos de Risto & Friends, y son much más proclives a echar la culpa sobre los que les corrigen.
¿Será porque L'Oreal nos consuela en nuestros televisores, recordándonos con imágenes reconfortantes que
Nosotros lo valemos?
Pensar que sea posible ignorar la crisis del SIDA, explotar a los más pobres del Tercer Mundo, destruir el medioambiente, así como mentir y manipular en nuestras vidas personales (muchas veces, a nosotros mismos, a nuestra conciencia) ... y que esto no sea pecado, es una ilusión peligrosa a mi entender.
No se basa en la realidad, ni de mi "condición humana", ni de la tuya. Seamos más sinceros.
¿No pecamos nunca? ¿Es realmente así? ¿Podemos "autojustificarnos", como nos acusó un comentarista hace un par de meses aquí en el blog?
Si pecamos y tenemos que reconocer nuestros fallos, ¿cómo podemos empezar de nuevo y hallar el perdón?
Me interesan mucho vuestras reflexiones al respecto.
*
El Libro Mágico de mi Maestro, La Carta a la Gran Urbe, capítulo 3
** Parafrase
Créditos foto: Foto: AP Photo/Rajesh Kumar Singh.