
La televisión es el espejo de nuestra sociedad y, siendo así, te he de confesar que no me gusta lo que veo en él.
El domingo pasado media España seguía las historias personales de dos mujeres ansiosas por erradicar sus defectos físicos, acomplejadas por las carencias de aceptación y amor que habían experimentado. Fue la noche del gran estreno de "Cambio Radical" en Antena 3.
Ojalá pudiésemos perder esos kilos de más de superficialidad, hacer una liposución intensa de nuestra complacencia y odio; penetrar nuestro cuerpo colectivo hasta llegar a los corazones duros e insensibles que han olvidado vivir ... y amar.

La anhelada transformación exterior de Chelo y Sandra les hizo pasar por las manos de cirujanos estéticos, dentistas expertos en sonrisas, por los estudios de los mejores maquilladores y peluqueros. Pero del interior, de lo que perdura, de lo que cuenta, poco se habló. En nuestra sociedad, que se define por todo lo que el dinero te permite adquerir, la fórmula parece sencilla, aunque no siempre fácil (léase €€€).
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A finales del programa ambas concursantes-contra-el-Tiempo desvelaron sus nuevos "contenidores remodelados". Aplausos, alivio, admiración... Pero a pesar de un excelente montaje y una presentación lúdica y atractiva de estos servicios de tuning humano, nos quedamos con la duda... ¿Y el espíritu?
¿Nuestro interior?
¿Qué hacer con él? ¿Con la rabia? ¿La mentira? ¿La codicia? ¿La perversión? ¿El homicidio? ¿La falta de amor? ¿La hipocresía? ¿Y...?
España, necesitamos un cambio radical.
FRUSTRADO