Y no mira hacia la calle, sino hacia atrás, al centro de la manzana.
Si conoces Barcelona, entonces sabrás que en los centros de las manzanas (o bloques, o bien cuadras...) hay espacio, luz, balcones, vecinos... vida.
Últimamente, me desconecto mucho simplemente escuchando el silencio, y los sonidos de la ciudad que lo acompaña. Y miro al cielo, viendo los cambios de la luz en cuanto más se vaya acercando el atardecer. Y veo las golodrinas jugando entre las nubes, ¡cuán traviesos son!
Escucho a dos niños jugando al escondite abajo (¡sin Play Station!).
Uno de los chicos cuenta en catalán: un, dos, tres, quatre, cinc, sis, set, vuit, nou, deu...
Si conoces Barcelona, entonces sabrás que en los centros de las manzanas (o bloques, o bien cuadras...) hay espacio, luz, balcones, vecinos... vida.
Últimamente, me desconecto mucho simplemente escuchando el silencio, y los sonidos de la ciudad que lo acompaña. Y miro al cielo, viendo los cambios de la luz en cuanto más se vaya acercando el atardecer. Y veo las golodrinas jugando entre las nubes, ¡cuán traviesos son!
Escucho a dos niños jugando al escondite abajo (¡sin Play Station!).
Uno de los chicos cuenta en catalán: un, dos, tres, quatre, cinc, sis, set, vuit, nou, deu...
Ladra un perro. Un argentino habla por teléfono móvil;
no encuentra la señal:
no encuentra la señal:
¿Oiga? ¿oiga? ¿oiga?
Se oyen los vecinos ya cenando;
sus tenedores golpean contra los platos.
Se oyen los vecinos ya cenando;
sus tenedores golpean contra los platos.
Se rie una niña. Otra sirena, otra ambulancia rumbo Hospital Sant Pau. El cielo se oscurece. La brisa es suave y me acaricia,
entrando por la ventana.
Y se oyen las golondrinas, trazando espirales en el cielo
sobre mi ciudad.
entrando por la ventana.
Y se oyen las golondrinas, trazando espirales en el cielo
sobre mi ciudad.

